Nayib Bukele: cómo el "presidente más cool del mundo” se convirtió en un modelo de “autoritarismo millennial”

Publicado: febrero 16, 2020

Nayib Bukele: cómo el "presidente más cool del mundo” se convirtió en un modelo de “autoritarismo millennial”

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Retomado de Infobae.com

“Oficialmente soy el Presidente más cool del mundo”, tuiteó Nayib Bukele el 7 de junio pasado, seis días después de asumir la presidencia de El Salvador. En el mensaje compartió un video del youtuber Jacobo Wong, que lo había bautizado de esa manera, maravillado con el mandatario de 37 años y su uso indiscriminado de Twitter para todos los actos de gobierno.

El desparpajo de Bukele para despedir funcionarios y dar órdenes a sus ministros a través de esta red social llamó la atención de la prensa mundial y le dio una enorme popularidad entre los salvadoreños. Cansados de décadas de corrupción e inoperancia ante el avance de la violencia y el estancamiento de la economía, vieron en el ex publicista a alguien que, por fin, estaba dispuesto a “hacer lo que hay que hacer”.

Algunos observadores llamaron la atención sobre la arbitrariedad de una manera de ejercer el poder que evade los canales formales para tomar decisiones y descalifica a todos los opositores. Nadie les prestó mucha atención. Hasta el domingo pasado, cuando el Presidente mostró que estaba dispuesto a sobrepasar todos los límites para imponer sus políticas.

Bukele volvió a ser noticia en todo el mundo, pero no por sus tuits, sino por haber ocupado con militares y policías el recinto de la Asamblea Legislativa, el Parlamento unicamercal de El Salvador. “Ahora creo que está muy claro quién tiene el control de la situación y la decisión que vamos a tomar ahora la vamos a poner en manos de Dios", dijo tras sentarse en la silla del ausentado Mario Ponce, presidente del cuerpo.

Entonces empezó a orar, cubriéndose el rostro con las manos. Cuando terminó, se levantó y se fue, ante la mirada atónita de la veintena de legisladores presentes.

“De ser el presidente más cool del mundo, como se autodenominó, ha pasado a ser una especie de dictador millennial. Carente de habilidades para negociar con la oposición, recurrió al amedrentamiento con armas. Nada más antidemocrático y antirrepublicano. Preocupa particularmente el apoyo de un sector amplio de la población salvadoreña a este acto de matonería de Bukele. Demuestra que en nuestra cultura política sobrevive el anhelo por un dictador”, sostuvo Carlos Mauricio Hernández, profesor de filosofía de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, en diálogo con Infobae.

La crisis se había desatado la semana pasada, ante la negativa del Legislativo —controlado por la oposición— a aprobar inmediatamente un préstamo de 109 millones de dólares acordado con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). A través de una controversial interpretación de la Constitución, Bukele convocó a una sesión extraordinaria del Parlamento para el domingo.

Al ver que los opositores no habían ido, por considerarla ilegal, el Presidente decidió escenificar su poder con la inesperada irrupción en el Palacio Legislativo. Al salir, le dijo a la multitud que se había reunido en los alrededores para apoyarlo que le daría una semana más al Congreso para aprobar el crédito. Pero amenazó con su cierre y con una insurrección popular si no obedecía.

“Sabemos que esos señores, que no quieren financiar a nuestros policías y a nuestros soldados para que nos cuiden, son los que financiaron a las pandillas para que compraran armas y mataran a sus familias (...) Démosles una semana a estos sinvergüenzas. Y si no, yo no me voy a poner entre el pueblo y el artículo 87 de la Constitución (...) Cuando funcionarios rompen el orden constitucional, el pueblo tiene derecho a la insurrección para remover a esos funcionarios”, dijo Bukele a sus fieles.

Foto cortesía

El Salvador quedó al borde de una ruptura del orden constitucional. Pero la condena a su prepotencia fue tan generalizada en el exterior, que Bukele se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. Por eso, cuando la Corte Suprema de Justicia sostuvo que la convocatoria a la sesión extraordinaria era improcedente, y le exigió al Ejecutivo que no vuelva a apelar a las Fuerzas Armadas para funciones inconstitucionales, Bukele se resignó a acatar.

Violencia y poder

Toda la estrategia discursiva de Bukele está centrada en antagonizar con los dos partidos tradicionales que se repartieron el poder en El Salvador desde los Acuerdos de Paz de Chapultepec, que pusieron fin a la guerra civil en 1992. Uno es la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), el partido de las elites, y el otro es el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), una ex guerrilla de izquierda incorporada plenamente a la vida civil.

“El descrédito de los partidos políticos tradicionales y hartazgo ciudadano ante la incapacidad política para afrontar y aliviar una prolongada situación de alarmante inseguridad fueron la base sobre la que Bukele armó su discurso y su camino hacia la presidencia. Para ello no debió proponer nada nuevo con un mínimo sentido de viabilidad, solo debió abonar a la descalificación, la desconfianza y la indignación ciudadana hacia los partidos políticos y sus dirigencias. Un discurso que hasta hoy no se ha alterado y que por momentos más bien se ha intensificado”, explicó Carlos Guillermo Ramos, ex director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) Programa El Salvador, consultado por Infobae.

Foto cortesía