Publicado: enero 12, 2026
El Salvador se ubica entre los países con mayor nivel de economía informal en América Latina, de acuerdo con datos recientes citados por organismos internacionales y analistas económicos.
La magnitud del fenómeno refleja que una parte sustancial de la actividad productiva del país se desarrolla fuera de los marcos legales, tributarios y laborales formales.
Las cifras indican que la informalidad supera el 60 % del empleo total, situando al país por encima de varias economías de la región y solo detrás de naciones con menores niveles de desarrollo institucional. Esta realidad implica bajos ingresos fiscales, menor acceso a seguridad social y condiciones laborales precarias para una amplia franja de la población.
Especialistas señalan que el peso de la economía informal responde a factores estructurales como el bajo crecimiento económico, la escasa generación de empleo formal, la baja productividad y las dificultades para emprender dentro del marco regulatorio. A ello se suman niveles persistentes de pobreza y desigualdad que empujan a miles de personas a subsistir fuera del sistema.
Aunque el gobierno ha destacado avances macroeconómicos y estabilidad fiscal, economistas advierten que mientras no se reduzca la informalidad será difícil lograr un crecimiento sostenido e inclusivo. La elevada proporción de trabajadores informales continúa siendo uno de los principales retos económicos y sociales del país, con efectos directos en la recaudación, la protección social y el desarrollo a largo plazo.